viernes, 21 de febrero de 2014

El propósito de la oración personal

A través de la oración y la meditación vamos creciendo hacia lo que Thomas Kempis llamó “una amistad familiar con Jesús”. Vamos penetrando en la luz y la vid de Cristo, sintiéndonos cómodos allí.

La presencia perpetua del Señor (omnipresencia) no es solo un dogma teológico, sino también una radiante realidad. “Él habla y camina conmigo”: ésta deja de ser una frase vacía; se transforma en una descripción real de nuestra vida diaria.

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, cenaré con él, y él conmigo
                                  Apocalipsis 3.20

No estoy hablando de una relación meramente sentimental o demasiado familiar. Este tipo de sentimentalismo insulso no hace más que demostrar lo poco que conocemos, lo lejos que estamos del alto y grandioso Dios que se os revela en la Escritura. 

Juan nos dice en su Apocalipsis que cayó a sus pies como muerto cuando vio al Cristo reinante (v.1.17) Esta será nuestra actitud también frente a la realidad del Señor. Estoy hablando de una realidad semejante a la que experimentaron los discípulos en el aposento alto: intensa intimidad y tremenda reverencia.


Con la oración creamos un espacio emocional y espiritual que permite a Cristo construir un santuario en nuestro corazón. Seguí leyendo en "Oración personal, una guía para escuchar la voz de Dios y obedecer su palabra" de Richard Foster, Editorial Certeza.